Líbano Bar Restaurante: un sitio muy recomendable en Salamanca

No quiero que este post sea de ninguna manera una crítica a nuestra tendencia a inclinarnos a ir a los sitios de moda. Nuestra necesidad de vincularnos en redes es una demostración de que estamos dispuestos a confiar en el gusto de los otros como seguro de calidad antes de aventurarnos a gastar el dinero en un sitio nuevo. No obstante es cierto que nos gusta lo novedoso, los sitios con presencia y de los que todo el mundo habla, los infaltables en cualquier lista.

Pero yo hoy quiero hablar de un cocinero y de un restaurante que no sale en las guías, en las entradas al uso ni en las redes. Un restaurante en cuya apariencia no hay un ápice de lujo sino la apariencia de un bar-restaurante de los de toda la vida, de los tradicionales.

Comencé a ir a “El líbano” por el fútbol, pero cada vez más personas hablando de su menú diario, de sus cenas de navidad y de su buen cocido de los jueves me sembraron la intriga. De hablar de cocina con su cocinero-camarero-dueño, Oscar, le pedí al consorte una cena allí con un menú especial según Óscar quisiera.

Debo decir, antes de hablar de mi cena, que Óscar Hoyos es un chico que se ha formado en la mejor escuela de cocina de Salamanca y que ha pasado por excelentes restaurantes antes de aterrizar en el  suyo propio y de su familia. Por eso, si vas de paso, “El Líbano” no te da la impresión de ser un gran restaurante. Pero, detente, el menú del día está muy bien hecho y es abundante y si vas más allá, como he hecho yo por mi cumple, disfrutarás de una maravillosa comida de uno de los mejores cocineros de Salamanca (no tengo ninguna duda).

Para mi cena de cumpleaños le di libertad total para seleccionar el menú, con la aclaratoria de que yo no como carne de ternera. Os cuento:

Plato 1:  ensalada de queso de cabra, rebozado con almendras, muy bien presentado sobre hojas de rúcula y acompañado con piñones. En el aderezo había el dulzor de la mermelada. Lo mejor para mí es que el queso estuviese caliente, el contraste con las hojas frías y el queso todavía tibio era perfecto.

plato 1
Plato 2: El siguiente plato nos maravilló.  Se trataba de un hojaldre con setas y gambas. Nada grandioso, más bien un entrante sencillo, pero perfectamente preparado y delicioso. Si un hojaldre es bueno y logra buenas capas no conozco a nadie que pueda resistirse ante él, y la cremosa preparación con setas y gambas era potente en sabor y querías quedarte toda la noche comiendo eso tan rico.

plato 2
Plato 3:  Finalizados los entrantes, era el turno de los principales, comenzamos con un bacalao confitado con notas ahumadas. Para mí sobraban un poco los maíces, los cacahuetes y las patatas liofilizadas, porque restaban protagonismo al pescado que estaba de muerte y el olor a humo ya era un subidón. Los que venimos del mundo del vino apreciamos enormemente los aromas de un plato, porque sabores hay pocos, pero el mundo de los aromas es infinito.

plato 3
Plato 4: El segundo plato principal es algo que tenía muchas ganas de probar. Debo decir que yo no soy muy dada a comerme “hasta los andares del cerdo”, sin embargo las manitas de cerdo crujientes y con una salsa picante estaba de mojar pan y no parar hasta dejar el plato limpio. Vamos de “pa’ qué te digo que no, si sí”.

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Postre: Después de las manitas, no sé si están preparados para el postre, quería yo un trozo de tarta, que no todos los días se cumple un ticinco, pero una vez más me fie de Óscar, y no me equivoqué. El carácter del postre era sencillo en apariencia y complejo en la boca: salado, dulce, caliente, frío, todo a un tiempo, pero sin mezclarse, fantástico en definitiva. ¿Lo describo? Es que decir que eran fresas maceradas con licor y una bola de helado, no le hace justicia.

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Hablemos de los vinos

He dicho que “El Líbano” es un restaurante sencillo, y estuve tentada a ofrecerle llevar el vino y que me cobraran el descorche. Pero estaba yo en plan de ver qué tenían por ofrecerme.

Para los platos 1, 2 y 3 bebimos un D.O. Rueda, verdejo: Garayes, 2014. Sí, un año menos sería lo ideal, pero debo decir que era un vino correcto y fácil de beber. Bueno, a mí me gusta mucho el verdejo y no teniendo defectos, creo que no te puede arruinar nada, sólo darte gusto.

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Con los siguientes platos bebimos un D.O. Ribera del Duero, La Horra, Crianza 2010. Este vino me sorprendió, porque sé que es muy económico; sin embargo, aguantó las circunstancias, pleno de fruta equilibrada con la madera, tal vez carente de complejidad, pero siendo buen compañero de una cena que disfruté enormemente.

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Mi cena de cumpleaños ha sido excepcional, pero mejor ha sido comer de la mano de alguien que ama la cocina, que está buscando constantemente ideas sin vanidad y que entiende de qué trata el negocio de un restaurante sencillo que puede, a veces, sorprenderte. También es bueno saber que esas “sorpresas” las puedes encontrar donde menos te lo esperas. Yo repetiré sin duda.

Si tú quieres probarlo te dejo sus datos. Y, aclaro, no es con fines publicitarios ni me pagan por ello, es simplemente compartir con vosotros que hay sitios ajenos a las gastro-listas que pueden sorprenderte:

Para el menú diario no hace falta reservar, aunque los jueves de cocido se pone a tope, pero para una comida o cena especial como la mía, conviene que llames y hables con Óscar o Marce.

Líbano Bar Restaurante 
Comida casera 
Dirección: Paseo de San Vicente, 20, 37007 Salamanca
Teléfono:923 26 03 79
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