DENOMINACIÓN SANGRÍA Y OTRAS GILIPOLLECES.

"Brasserie Jo Boston Sangria" por Colonnade Boston.
“Brasserie Jo Boston Sangria” por Colonnade Boston.

En enero del 2014 el Parlamento Europeo aprobó un reglamento según el cual la denominación de venta “Sangría” sólo podrá ser usada en España y Portugal.

Lo cual no significa que no se pueda producir sangría en otros territorios, pero en estos debe llamarse “bebida aromatizada a base de vino”.

Una denominación de origen es el reconocimiento de que un producto tiene características únicas que dependen de las tierras donde se cultivan o crían sus ingredientes, de sus particulares condiciones climáticas y de sus técnicas tradicionales de elaboración.

Volvamos al caso de la sangría. Una denominación circunscrita a España y Portugal tendría que tener tales especificidades para que sólo la elaborada en la península ibérica tenga ese nombre.

Pienso en que lo que llevó a tal decisión puede que fuese que el ingrediente principal sea el vino, que evidentemente es un producto cuyas características dependen de su terroir.

Suponemos entonces que la sangría sólo puede ser preparada con vino de España o Portugal, por supuesto. Considerando que en España hay 62 DO de vinos y en Portugal casi 30, además de muchos más vinos de la tierra y vinos de mesa, me pregunto cuál es la especificidad de una bebida que se puede elaborar con más de 90 tipos de vinos que son diferentes entre sí y que darán lugar a bebidas cuyo resultado final, evidentemente será diferente.

Entonces ¿a qué llamamos sangría? Si no es a las características diferenciadoras del resultado final, es a la preparación de una bebida, es decir la sangría es una receta, una elaboración. ¿Y qué hace diferente la sangría que se prepara en la península a la que se prepara en otros lugares? Los ingredientes españoles o portugueses, no, porque hoy día estos se pueden conseguir en casi cualquier parte del mundo?

A donde quiero llegar es que esta “erupción denominadora”, que parece no tener límites, es una auténtica barbaridad. ¿Puede la UE apropiarse del nombre de las cosas? Más aún ese apropiamiento es realmente “productivo”?

Hago más suposiciones, en Caracas hay un barrio llamado “La Candelaria” donde hay un buen número de restaurantes españoles fundados por la inmigración española que huía de la escasez que originó la guerra. Si en uno de esos restaurantes ofrecen una sangría, ¿deben decir en la carta que es una “bebida aromatizada a base de vino” en lugar del nombre tradicional? Pues a mí es que no me resulta nada atractivo beberme algo con ese nombre.

Otra suposición, ¿qué pasaría si un día los japoneses se reúnen y dicen que sólo se puede llamar sushi a los rollitos que se hacen en Japón; o los mexicanos que sólo se puede llamar fajitas o tacos a los hechos en México; o los estadounidenses que solo se puede llamar hamburguesa a un emparedado hecho en U.S.A.? ¿Qué pasaría con los miles de restaurantes japoneses, mexicanos, hindúes, con los Mc Donalds (¡Madre mía, con los Mc Donalds!) que están desperdigados por el mundo?

Una denominación de origen sólo tiene sentido si sólo en el lugar donde se produce, y únicamente allí, tiene un producto determinadas características. Es obvio que no es el caso de la sangría, como no es de los tacos, el sushi, la hamburguesa y, aunque haya gente que quiera matarme después de lo que voy a decir, la paella.

Así, que desde mi humilde opinión, señores de la UE, dedíquense a resolver problemas reales y no a tantas gilipolleces.

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