UNA GUIRNALDA PARA EL VINO

"Lynfred Holiday' 13 16" por Mike Miley en flickr
“Lynfred Holiday’ 13 16” por Mike Miley en flickr

Este será el último post de este año. En realidad he pensado mucho en cómo cerrar el blog por el 2013. No soy especialmente “navideña” y en los últimos días muchos pequeños desastres cotidianos se han acumulado en casa.

Pero yo defiendo volver a la autenticidad y el sentido de las cosas, aunque sea el sentido de un instante.

Si bebes un vino y encuentras placer en él, sumérgete, no pienses en el pasado o el futuro, piensa en el deleite y la alegría que te proporciona el sorbo que tienes en la boca en ese preciso momento.

Que así sea la navidad, aprovecha los pequeños instantes, sin dejar que su placer pase de largo por atender otras cosas.

Que así sea cada buen momento del 2014, un oasis y un regalo que agradecer a la vida.

Por ello agradezco, haber encontrado casi sin querer ese poema de alabanza al vino (mi bebida favorita). Por eso lo comparto, porque después de disfrutar lo mejor que hay es disfrutar acompañado.

¡Alegres fiestas, feliz 2014 y que bebamos vinos deliciosos que nos dejen recuerdos imborrables!

UNA GUIRNALDA PARA EL VINO

Vino celeste

(ese traje te invento, dulce viejo,

porque quiero vestirte como al cielo);

la nariz echo al viento

y hundo ojos y manos en la tierra

para salir cuanto antes a tu encuentro.

Deseo hallar el hilo

de tu oculta dulzura,

regocijarme dentro de ese vaso.

Te entregas como un pozo

sumiso por entero a copa y boca,

cual animal caído

todo envuelto en espumas;

sigiloso y engañoso eres,

pero enseguida zumbas,

bailas puertas adentro,

abres oscuros túneles,

elevas, suspendes, arrebatas,

socavas mi pequeña pertenencia de tierra,

te quedas con mi sueño

y para ir por el filo de la noche

tiendes rojos andariveles.

Dormido como un dios en las bodegas,

de pie en las botellas,

o despierto en el vaso

tú eres siempre el mismo;

con una mano mágica me sientas

y con la otra me obligas;

tienes lenguas secretas,

tu cicuta me invade como un humo

y entre alfileres rojos y quemantes

hay un áspero gusto a tierra.

Me colgara en tus barbas desbordadas

como una ebria abeja,

me durmiera debajo de tu capa,

buscara sollozando tu regazo

como quien busca un nido;

me quedara por siempre en tus altares

cantando silbo en boca

tus victoriosos humos.

Tallo y corola inclino hacia tu frente,

enfermo llego y quiero que me ampares

con tu infalible gracia;

como a un dios torrencial te reverencio

y siento que me tocas

y me sacudes todo.

En mí te adentras de raíz y asalto

entreabriendo intrincados corredores,

levantando brumosos cortinajes

y mostrándome con el dedo

todo el revés del hombre.

Me dicen, sentenciosa y sabiamente,

no vayas con el vino;

ése es un despeinado vagabundo,

irresponsable, ciego, irresoluto,

ese es un loco de camisa rayada,

un pobre músico de la calle.

Si vas con él del brazo

perderás tu ramillete de azahares,

dirán que eres alegre

y que cantas y vives como un pájaro.

Yo quiero ser un pájaro.

Es por eso que te busco con ahínco,

me voy con los amigos a tu encuentro,

te saludo de pie y bato palmas,

canto erguido en las mesas

y si en mis bolsillos llevo flores o madrigales

todo lo echo en el vaso.

Te bebo a largos sorbos

cual un monstruo nocturno,

con miedo de morirme,

temerosos tal vez de que te esfumes,

de no hallarte presente en las esquinas;

a dos manos sostengo la alta copa,

la vacío a lentos sorbos,

degustándola con la nariz abierta

cual si estuviera de pie en un desierto.

Cuando pongo mi boca junto al vaso,

todo el vaso retumba en su contorno

como un cuerno marino;

rebullen hacia los bordes las espumas

y del remoto fondo

asciende un huracán morado

tu diluido corazón en chispas;

en mis dientes se rompe tu marea

de mojadas violetas.

Pero como una bruja mientes,

vino encendido,

nos ofreces eternos tricolores

debajo de las parras;

estás lleno de novelerías,

del más leve suceso

tejes una imposible historia;

nos haces entrar de golpe en tus recintos

de mentidos laureles.

Me acerco a ti de noche,

encapuchado, lírico, resuelto,

rozando las murallas,

tocando con el alma las estrellas

y entretocando pífanos por dentro,

y al encontrarte en casa

es como si el sol cayera

hecho uva en mi garganta,

como si en pleno pecho me colgaran

un arpa de oro.

Juvencio Valle, seudónimo de Gilberto Concha Riffo.

(Villa Almagro, Nueva Imperial, 6 de noviembre de 1900 – Santiago, 12 de febrero de 1999)

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