FRANCIA CENSURA AL VINO

"Saint Emillion" por Luislis Morales Galindo

Aunque el título de la entrada pueda hacer saltar las alarmas del contrasentido, penosamente, no está lejos de la realidad. Uno de los países de mayor tradición vinícola del mundo se ha propuesto limitar el acceso del ciudadano común a la publicidad e información sobre el vino.

En 1991, la ley Evin que limitaba la publicidad de bebidas alcohólicas, incluyendo el vino, provocó entre los franceses una gran polémica, dado el arraigo cultural de este producto y el duro golpe que significaba para una industria importantísima en el país galo. Sin embargo, la ley no contemplaba a Internet entre los posibles medios de difusión en la publicidad sobre el alcohol. De este modo, los tribunales parisinos, en un intento de llenar este vacío, prohibieron el año pasado la publicidad en Internet. En el futuro, en Francia, se plantean limitar el acceso a los sitios de Internet que hablan de vinos y limitar su publicidad en medios de comunicación, de modo que la información que se emite en la red sea “objetiva” ¿cómo se logra esto? Evitando la asociación vino-placer, es decir no se puede hablar de un vino como seductor, pleno, potente…etc., ni se podrá observar a una persona, mucho menos a una pareja, bebiendo vino en un ambiente que sugiera que esta actividad le resulta placentera.

Hay varias cosas que decir. En principio lo que significa para miles de regiones francesas que dan nombre a sus vinos pasar a estar demonizadas por los peligros que el vino esconde, como lo demostraron el 30 de octubre del año pasado cuando en un acto de protesta colocaran tachaduras en los carteles que anunciaban el nombre de ciudades emblemáticas como Saint-emilion o Cognag. Después, hay que hablar de una sociedad que considera a sus ciudadanos unos idiotas incapaces de gestionar sus vidas antes los peligros del mundo; si ello es así, y necesitamos de esta avalancha de prohibiciones para poder vivir sin peligros y llegar a la vejez, ¿ello no habla del fracaso de la educación y de la sociedad misma en su ideal de contribuir a la formación de personas inteligentes, autónomas e independientes? Y, por último, hay que decir que el vino es una bebida de excepción, porque no bebemos con ella solo grados de alcohol, sino que asumimos una postura particular ante la vida, la cultura y la tradición.

Por tanto, porque expresa bellamente lo que el vino significa, quiero reproducir un pequeño artículo que apareció en el diario “Sud Ouest” el jueves 30 de octubre, a propósito de la protesta de los vinicultores ante la prohibición de publicitar el vino. El autor es Thierry Tahon, autor del libro “Pequeña filosofía del amateur del vino” (Editorial Milan):

Tres cuestiones

1. ¿Se puede decir que el vino es más que vino?

Hablar de vino únicamente bajo el ángulo del alcohol es ser reduccionista. El universo del vino es mucho más rico. El vino es una bebida hedonista, una fiesta que requiere al menos cuatro de nuestros sentidos. Es una bebida amable que invita a compartir. Se puede incluso hablar de un imaginario del vino. Es mucho más que una bebida. Es una cultura, una parte de nuestra identidad, un monumento de nuestro patrimonio. Reducirla a fermentación alcohólica es dejar completamente de lado la magia del vino. Cada vez que degusto un vino, tengo la impresión de hacer un viaje inmóvil hacia un terroir.

2. ¿Esta visión no es un poco idealista?

El discurso moralizante que quiere demonizar el vino es francamente penoso. El nos exime de responsabilidad completamente. El vino es el encuentro de cuatro elementos y del tiempo. Es el resultado de esta alquimia. El vino no se bebe, se degusta. El vino no es una necesidad, es más bien un deseo. Si el vino se degusta eso significa que hace falta respetar un cierto número de reglas. Degustar un vino, es ante todo tomarse un tiempo y eso reclama de nosotros un enfoque casi estético, como si se contemplase una obra de arte.

3. ¿No deja esto de lado todos los aspectos negativos?

Es verdad que el vino puede plantear también un problema de salud pública. No hace falta negarlo. Pero, la solución no pasa por la prohibición. Ella es competencia de la educación. Hace falta aprender a degustar, habría un trabajo importante a realizar sobre todo entre los más jóvenes, entre los que se observa el avance del alcoholismo, aunque no es evidente. La degustación es una técnica que hace falta aprender y que debe preservarnos de la desmesura y de la ebriedad. Hace falta además hacer la diferencia entre la ebriedad que es un declive y la “griserie” (no existe una traducción en español para esta palabra francesa; sin embargo, sabemos lo que significa, sirve para describir ese estado en que, sin estar ebrios, el vino nos otorga una cierta ligereza de espíritu)*. La “griserie” es un estado interesante que puede ser explorado de vez en cuando para distanciarse de nuestros naturales aguafiestas que son la moral, la razón y la consciencia.

Sud Ouest. Jueves, 30 de octubre de 2008. Pag. 1-3.

*Nota del Traductor
La traducción del artículo es mía, agradezco a  mi amiga  Françoise Marechal su diligente revisión.

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